Al caminar sobre la tierra, resulta inevitable, en momentos, el comparrarnos con los otros. A nuestros ojos a veces pareciera que nuestros logros no son lo suficientemente valiosos o satisfactorios para sentirnos felices con nuestra posición en el presente.

Sin embargo es ahí, en el otro, en ese sentimiento de separación en el que nos perdemos cuando, precisamente la realización del otro es lo que permite que me realice yo también.

Esto es por ejemplo si ahora soy escritora, lo disfruto, amo serlo y nací para ello pero observo frente a mí a los directores de teatro realizados, a las bailarinas realizadas, a las actrices, a los directores de escuelas de arte, a las modelos, a todos los personajes del escenario de mi propia existencia que me muestran con sus éxitos lo que no soy y sin embargo también soñé ser, es ahí, en ese punto donde al verme en presente me doy cuenta de que los sueños escénicos, por nombrarlos de algún modo, han sido los escalones para llegar aquí, para apreciarlo todo, para llegar al origen que es el pensamiento, la palabra, la abstracción en letras, el amor que siento al escribir, y sin darme cuenta estoy ejerciendo lo que sí soy, admirar lo que no soy precisamente me hace ser lo que soy.

Es entonces que yo misma me realizo en la realización de los otros, los otros son justamente lo que ha nacido de mis sueños, yo soy esa bailarina en éxtasis, yo soy el director del espectáculo y así todos somos hologramas de nosotros mismos en nuestro universo personal.

Entonces no existe ni la noción de fracaso o envidia, de celos o frustración. Todo funciona en paz cuando descubro que lo que soy es resultado de lo que no soy, y todo lo externo es también una parte de mí, que avanza y triunfa de manera independiente y que se perfecciona a la par de mis evoluciones también.

Otro ejemplo en vez de sentirme triste por no estudiar sanación o shamanismo y estar sanado a quien lo requiera, veo en los sanadores mi vocación realizada también y escribo al respecto; lo mismo con la biología y la filosofía y otras disciplinas que adoro, al verme fascinada por su influjo y su sabiduría, me doy cuenta que también estoy allí realizada, y aquí feliz al mismo tiempo y escribo al respecto.

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Terminar con la sensación de separación y sentir la integración al todo de manera permanente, saber y agradecer que estoy aquí para escribir y así expresar mensajes que apoyen a un cambio de perspectiva y de conciencia logrando mi misión, compartiendo con amor invaluable información que ayuda a vivir con más conciencia de ser nosotros los creadores de nuestras realidades.

Esta revelación ha sublimado mi pensamiento y mi vida pues cuando descubro que en realidad sí estoy en el lugar perfecto que me corresponde, y por lo tanto todos los demás elementos del universo también lo están, fluyo y se aligera mi vuelo, agradezco la claridad con que ahora veo, pues siempre todo ha estado en su sitio y no lograba verlo.

Esto ayuda a dejar de ver en los demás o en nosotros la culpa o la responsabilidad de lo irremediable, ayuda a aceptar la situación, a observar la bendición que encierra cada experiencia y el perdón aparece, la redención es el presente, el éxito de haber sobrevivido tantas cosas para estar ahora aquí, con vida, con la fuerza y la inteligencia para cambiar o crear lo que sea. Ahora con más claridad y sabiduría.

Dándonos cuenta de que nuestras decisiones han sido acertadas, nos han traído hasta este punto, y sin importar qué circunstancias nos trajeron aquí, hoy sabemos que somos libres de elegir y cada vez vamos eligiendo mejor, con más confianza en saber lo que deseamos y cómo queremos que se manifieste. Nos aceptamos con alegría, nos felicitamos y nos descubrimos más que calificados para triunfar en nuestra misión, para amar cada instante del camino y para elegir ver la vida desde el amor del corazón.

Llega entonces el agradecimiento, la concordia con todo lo que existe, el amor por nosotros y por otros. Es así como vamos renaciendo.

Somos revelaciones y portentos, dentro nuestro crecen las semillas, las ideas, intuiciones que han de motivarnos a seguir un camino y no los otros, una entrega que lleva al equilibrio, a la paz del pensamiento, a la certeza de elegir lo que es nuestro, avanzar transformando con nuestra luz el mundo.

Elegir lo que nos hace vibrar, amar, dar todo, es ahí donde el camino es a su vez exitoso destino, porque estamos todo el tiempo donde queremos estar, haciendo lo que por naturaleza amamos hacer y nos perfeccionamos al hacerlo, disfrutamos el arte de estar vivos para ejercer en amor nuestro servicio, lo que nos hace felices, poderosos, realizados.

Si todo es perfecto en el presente lo que importa es crear el futuro, vivir el presente con tal conciencia y libertad que el futuro sea un eco de la perfección multiplicada de cada momento.

Ser el éxito ahora y sentirlo, recibirlo, vivirlo, agradecerlo, disfrutarlo y desearlo para todos, bendecir a los otros, verlos siempre felices y amados, ésa es la actitud con la que el universo trabaja con nosotros, cuando creamos beneficios para todos.

Guiomar Cantú

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