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La culpa por el placer es algo arraigado en nuestras culturas por el pensamiento judeocristiano, que es un sistema de poder y orden para que el mundo se comporte sumisamente.

El placer da poder, la alegría, la creación, la emoción, el éxtasis son poderosas emociones que también generan químicos en el cuerpo que nos inspiran, impulsan y nos hacen actuar libre, atrevida e intuitivamente.

Cuando descubrimos qué nos da placer y por lo tanto nos empodera y lo practicamos logramos mantener una alta vibración energética lo que nos hace capaces de lograr cualquier cosa.

Es importante desarraigar la culpa del pecado y reprogramarnos con creencias nuevas que nos den paz.

Comer da placer y sin embargo lo vemos como algo también pecaminoso en vez de agradecer que podemos nutrirnos confiando en que nuestro cuerpo es sabio y elige lo que necesita para fortalecerse sin dañarse.

La velocidad, el ejercicio, el orgasmo, la creación artística, la actividad más entrañable que disfrutemos hacer y que nos de placer es lo que nos empodera pues nos conecta con lo que somos, con la expresión verdadera de nuestra felicidad.

Hay que amarnos y llenarnos de placeres, pues así como tenemos obligaciones y actividades a veces no tan placenteras tal vez, resulta esencial equilibrarnos con altas dosis de felicidad, como detalles continuos que nos den alegrías cotidianas, es vital poner atención al instante presente y disfrutar existir, encontrar los prodigios de cada momento y lograr crear magia cada día.

Al imaginar siempre lo mejor ya estamos recibiendo placer, al ser libres de recibirlo nos extasiamos, tiempo es de crear nuestra alegría, lo que llene el espíritu, lo que nos llene de vida.

Guiomar Cantú

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