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Sociedades que saben que la muerte es un gran negocio, donde lucran muchísimas personas, y que lo asumen como natural, son sociedades que siguen repitiendo patrones de pensamiento y conductas que conducen a la destrucción y la refuerzan. Pues esta información al ser transmitida de generación en generación logra implantarse genéticamente, transmitirse y asumirse.

Si creemos en la ley de la atracción, en el poder de la visualización, el decreto, la gratitud, la precipitación de la realidad a partir del pensamiento, la oración respondida por la interseción de alguna divinidad, o en que el Dios que nos habita es la amorosa energía de la que todo se crea, entonces somos libres para crear vidas distintas. Estamos fortalecidos espiritualmente y somos creadores de nuestras realidades. Estamos listos para manifestar vidas conscientes. Cuerpos perfectos que albergan espíritus perfectos. Células y genes afinados y actualizados, programados para la salud eterna por la visión perfecta en nuestra mente.

Tenemos la elección de sobrevivir desde el miedo, o de elevar nuestra vibración a voluntad, y realmente disfrutar la vida desde el amor y la valentía de expandir nuestros universos y expresar la grandeza que nos corresponde para realizarnos.

Saber qué estamos creando, manifestando, sufriendo y disfrutando desde la conciencia nos permite identificar lo que nos gusta o no vivir y vamos afinando nuestro enfoque, logrando realidades más felices, más conscientes, más hermosas.

¿Creemos realmente en lo eterno?

Si asumimos que lo que creemos se manifestará en la realidad mientras sostengamos en gratitud y amor el enfoque en el deseo logrado, podemos asumir lo que deseemos, podemos asumir que nuestra felicidad es eterna, nuestro amor por alguien es eterno y que nos corresponde de igual forma, que nuestras glándulas, órganos y sistemas están en funcionamiento óptimo siempre y que somos saludables, jóvenes, fuertes, felices, hermosos, sensuales, poderosos dioses de nuestras decisiones. Podemos asumir lo que queramos y como imanes lo vamos atrayendo.

Al respecto de lo eterno, si pensamos que tenemos todo el tiempo de la eternidad para cumplir nuestros proyectos, que no hay prisa, que estamos en el perfecto momento y lugar para disfrutar los procesos de nuestros sueños y dejamos las preocupaciones para centrarnos en la delicia del prodigio que es estar vivos en este perfecto instante, en presente total y activamos aquí y ahora mismo la sensación, la certeza, la gratitud, la belleza y la poesía de lo eterno y habitamos la luz de esta alegría, respiramos la calma, el infinito se activa y renacemos ligeros, con alas elevándonos por encima de los cielos.

Comprobado está que cada amanecer el cuerpo se renueva, literalmente renacemos, somos nuevos, pues siempre hemos sido capaces de retroceder el tiempo y programarnos antes de dormir, para que al despertar estemos frescos, creativos, poderosos, exitosos, provistos, amorosos y amados, en el equilibrio y en la libertad de ser seres eternos, espíritus en cuerpos de naturaleza sagrada, cósmica, divina, cuántica energía manifestada de acuerdo a las creencias implantadas.

En Oriente, hay personas hoy cuya edad en la Tierra sobrepasa los doscientos años, los libros de los viajes registrados por el Dr. Spalding lo comprueban, así como las enseñanzas de Ramtha y de otros iluminados, (creerlo es cuestión de evolución y apertura, pues no porque no los conozcamos no existen) sin embargo la referencia se cita aquí para ejemplificar cómo sí es posible programar desde la mente el cuerpo para que esté sano y joven más años de los que la sociedad actual occidental nos permite concebir.

Si creemos en que cada uno tenemos una misión particular, que lograremos cumplir al desplegar al máximo nuestros talentos, realizando acciones que satisfagan las necesidades del espíritu, al hacer lo que nos hace extasiarnos de felicidad, seremos una gran bendición para la humanidad y para el universo.

Si es así, entonces es importante reconocer que son pocos los años que nos programamos para vivir, si realmente deseamos disfrutar nuestras misiones, procesos, evoluciones, aprendizajes, siembras y cosechas.

Al realmente entender la relevancia de lo expuesto, inmediatamente cambiaríamos nuestros patrones de pensamiento y conducta empezando por decretar que nuestras células están sanas siempre, que tenemos espacio y tiempo eterno para crear nuestras vidas, para vivir en paz, en amor, en abundancia. Empezaríamos a nutrirnos de pensamientos y de alimentos puros. Crearíamos relaciones que aporten luz, paz y bendiciones, empezando por la relación con nuestro espíritu y cuerpo, soltando el pasado (la culpa) y el futuro (la preocupación por la incertidubre) para confiar y habitar la poesía de un presente extraordinario y feliz, en gratitud por la invaluable belleza de lo eterno.

Tiempo es de crear vidas más largas, donde planeemos y veamos logrados los planes sin prisa, a su tiempo, sin estrés, sin pensar en que se va a acabar algo cuando aún ni siquiera hemos empezado a saborearlo. Y proyectar que el universo avanza y se desarrolla en la cadencia justa de su dulce e infinita danza.

Si creemos en lo eterno entonces podemos empezar por visualizar y confiar en que todo es perfecto. Y que el tiempo es un concepto que podemos a voluntad expandir, detener, amar y agradecer, pero sobre todo habitar, disfrutar y bendecir para que nos mantenga en un presente eterno, perfecto, donde la existencia es disfrutada, y si se quiere compartida, viviendo un presente consciente creado desde el amor y la energía de la mente, donde no es necesario el dolor, la tragedia, la destrucción o ruptura para que de verdad nos entreguemos a la esencia de los momentos, las personas y las experiencias generales y particulares.

Si asumimos lo eterno como algo natural seguramente estamos viviendo vidas alegres donde las situaciones y desafíos son conscientemente creados por nuestro espíritu para extasiarse de luz y de existencia, haciendo de nuestra prioridad aprovechar y entregar nuestro corazón y amor a la mágica creación del presente perfecto; donde la maestría consiste en lograr mantenerlo.

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